miércoles, 25 de noviembre de 2015

Si supieras lo que siento

Si supieras lo que siento, entendieras,
porque  callo cuando estas presente,
por que mis mejillas se encienden
si por azares dices ¡hola!
porque mis ojos no dejan de buscarte

Si supieras, si apenas sospecharas,
que eres el blanco de estos versos,
y de todas las rimas que tengo
atragantadas en el pecho.

Si supieras,si alguien te contara,
que mi libreta esconde tu nombre,
garabateado entre flores,
y letras de canciones

Si supieras, si acaso adivinaras,
los futuros que he creado,
las noches que hemos vivido,
los valles que hemos recorrido
los sueños que tengo contigo.

Si supieras lo que siento
¡pero no lo sabes!
y yo sigo callando en tu presencia,
sigo rellenando mi libreta, y
sigue mi alma con esta herida abierta.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Déjame soñar

Déjame soñar contigo,
envuelta en sábanas blancas,
un domingo cualquiera
de marzo, mayo o abril,
despertando tarde y sin culpas,
viendo al sol que se levanta
sobre el marco azul de tu ventana.

Soñar  que aspiras el perfume matinal,
de un café, que humeante,
espera sobre el velador
y  la sonrisa que se  escapa,
por la rosa tierna, que descansa
a un lado de tu cama.

Soñar que al acomodar tus rizos negros,
en tu mano resalta orgulloso, sencillo y delicado
un hermoso brillo dorado.

y déjame soñar, si lo permite Dios,
que en la puerta de la habitación,
sonriente ¡Te observo yo!


domingo, 16 de agosto de 2015

No soy bueno en poesía de amor

Pero por ti fluye el verso
suave, fresco, nuevo
en cada sonrisa tuya
y por cada beso

De solo pensar en ti
apilo hojas de libreta
llenas de "te amos y te quieros"
llenas también del alma mía.

Pero la poesía no es mía
mía fueron la tristeza,
el vacío y la melancolía
los poemas tristes y funestos
de noches negras o estrelladas.

Tú eres la dueña de esta rima
Tú..y tus labios, tus ojos...tu risa
y como el verso lo es todo;
eres dueña también,  de mi vida,

jueves, 2 de julio de 2015

Una carta que seguramente escribiré en unos años

Amor:
Hoy olvide decirte algo. Al salir de casa quise regresar y comentarlo contigo, pero el tiempo en las mañanas siempre resulta tan corto y tienes tanto que hacer que no quise importunarte. Y me marche rumbo a trabajo con ese nudo en mi garganta.

Pero aquello que debía contarle da vueltas en mi cabeza, gira y se retuerce aparece en la silla de mi escritorio me observa con una mirada fija y acusadora. Yo sonrió y vuelvo a concentrarme pero él no me deja que olvide que sigue ahí.

Le digo que tenga paciencia que al llegar el almuerzo te llamare y te contare todo de forma honesta y sincera como ha sido nuestra vida en los tantos años que Dios nos tiene juntos; pero no se calma hace un escándalo con mis papeles y dice con una voz tan parecida a la mía que me asusta.

-          Escribe porque luego te olvidas- me dice

Me extiende la hoja, suspiro y empecé a escribir porque sé que no podre trabajar sino lo hago. Al redactar la primera línea recordé nuestra historia: las mañanas de los dos, las noches abrazados frente a la tele, los domingos en la iglesia y cada uno de los pedazos de vida que forman lo nuestro.

Hoy olvide decirte algo; te vi hermosa en medio de la rutina de las mañanas y te contemple sin palabras enamorándome otra vez (como cada día) de la mujer que vive conmigo. La silla vuelve a estar vacía y puedo volver a trabajar. Veo esta carta, te veo sonreír y casi puedo sentir el peso de tus labios en los míos.

Amor hoy al salir olvide decir ¡Te amo!.....
¿Me disculpas?


miércoles, 20 de mayo de 2015

Angélica

Te amo...
En la oscuridad del silencio,
la poesía de la lluvia,
la tristeza del tiempo. 

Te amo...
por la rebeldía de tu espíritu
la constancia de tus actos,
la paz de tus miradas 
la fortaleza de tu fe

Te amo...
En la ternura de tus besos 
la sencillez de tu manos,
el calor de tus ojos

Te amo....
Por las razones correctas
Los motivos adecuados,
las causas justas,

Te amo...
Desde  el pasado que encadena
por tu amor que liberta,
y tu corazón que perdona.

Te amo...
En los sueños de futuro
los hijos inciertos 
y la vejez juntos.

Te amo..
En y por tantas cosas
de forma irremediable e intensa
que llegue a comprender..
que sin ti...
mi vida estaba desierta 


sábado, 24 de enero de 2015

Demonios

El repiqueteo del teléfono rompió el silencio y la penumbra de la habitación por décima vez. Él estirando la mano lo tomó con la displicencia de quien prefiere olvidarse de todo lo que lo rodea. En la luminosa pantalla leyó:
-Ella: Hola <3 nbsp="" o:p="">
Luego de sonreír por lo bajo y sentir el escalofrío ya conocido en el bajo vientre, empezó a escribir. Primero meditando las palabras  mientras se decía en baja voz:
 – El secreto de una buena mentira es que en realidad no lo sea del todo- .  Luego se dejó llevar por el instinto afilado por los años de experiencia y la confianza de saber a ciencia cierta que era el cazador y ella la presa.

La había conocido dos noches antes, mientras reía con amigos. Barrió con la mirada el bar hasta encontrar algo que le llamara la atención. Justo antes de darse por vencido la vio: vestido blanco, labios rojos, largo cabello negro y sonrisa amplia; nada especial pensó pero tampoco la noche daba para más.

Primero la estudió detalladamente, pues creía firmemente que el secreto del éxito está en la preparación previa, eran cuatro amigas en una mesa privada, celebraban el cumpleaños de una de ellas y ninguna llevaba compañía masculina (al menos de momento). A pesar de estar seguro decidió esperar otros quince minutos, no fuera que apareciera algún “novio” y le echara a perder el esfuerzo.
El primer contacto duró menos de un segundo, ella movió su rostro y se encontró con un par de ojos oscuros que la observaban fijamente sonriendo de un modo tan intenso como seductor, fue un instante pero bastó para turbarla y obligarla a tomar un trago del cóctel que llevaba en la mano.  El segundo y tercer contacto fueron más intensos, ella empezó a bajar la mirada y dibujar una sonrisa nerviosa, él no la perdía un segundo de vista.

Al llegar a ese punto. Él repitió a la perfección su ya vieja y conocida rutina: primero llamó al mesero y le ordenó  una nueva ronda de tragos y un coctel, cuando llegaron las bebidas el tenía lista una tarjeta de presentación (nada ostentoso solo su nombre y número de teléfono), uno de los muchos recursos que tenía para estos casos.
Le costó poco que el mesero accediera a llevar el trago y la tarjeta. Al llegar el pequeño detalle las amigas lo celebraron, un poco de rubor, algo de vergüenza y unas gracias coreado por las cuatro. Él sonrió por lo bajo era el momento adecuado para retirarse.

Salió a la fresca noche de invierno y caminó hasta tomar un taxi, reprimió las ganas de quedarse en el bar y concretar la conquista aquella misma noche – las mujeres  (pensó), están hartas de hombres que actúen como galanes de cine, en el fondo buscan alguien que sea más acorde a los que sus mamás les enseñaron; un hombre que da su teléfono pero no pide nada a cambio es como esos antiguos caballeros que regalaban rosas solo por ver sonreír a una mujer. Claro que ninguno de ellos habrá tenido jamás mis intenciones.

Él sacudió la cabeza para concentrase en lo que escribía, mentir siempre se le había hecho tan fácil, las frases se iban sucediendo una tras otra según se proponía ir desarmando cada una de las defensas y pretextos que ella le ponía.

Ella: pero si recién te conozco, no puede ser que sienta esto.
Él: a veces no necesitas de tiempo para sentir algo; a veces solo basta una mirada.
Ella: pero yo tengo a alguien eso tú lo sabes.
Él: déjame que te pregunte algo. ¿Eres Feliz?, de verdad lo eres, si contestas que sí, te prometo ser solo tu amigo.
Ella: La verdad no, mi relación no es lo que era.
Él: quieres intentarlo….digo intentar ser feliz.
Ella: Contigo?
Él: Solo si tú así lo quieres.
Ella: prométeme que no me vas a hacer llorar.
Él: solo de felicidad.

Luego de cruzar otras tantas promesas y frase vagas, concretó la cita para 3 días después. Ese era el culmine de la partida, el jaque mate de un juego que él disfrutaba y al que era un adicto sin remedio. Al terminar de escribir apagó el teléfono, no fuera que molestara otra vez. En la oscuridad una suave voz de mujer preguntó - ¿Qué pasa algo malo en la oficina amor?- el buscó  en la oscuridad el delgado cuerpo  que descansaba en su cama – No amor- dijo – no pasa nada-  y al menos por esa noche era cierto.