Déjame soñar contigo,
envuelta en sábanas blancas,
un domingo cualquiera
de marzo, mayo o abril,
despertando tarde y sin culpas,
viendo al sol que se levanta
sobre el marco azul de tu ventana.
Soñar que aspiras el perfume matinal,
de un café, que humeante,
espera sobre el velador
y la sonrisa que se escapa,
por la rosa tierna, que descansa
a un lado de tu cama.
Soñar que al acomodar tus rizos negros,
en tu mano resalta orgulloso, sencillo y delicado
un hermoso brillo dorado.
y déjame soñar, si lo permite Dios,
que en la puerta de la habitación,
sonriente ¡Te observo yo!
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