miércoles, 31 de mayo de 2017

Perfume

Perfume
Él observo por última vez su imagen en el espejo. Sonrió complacido, estaba impecable: camisa y corbata celeste sobre terno oscuro, un sobrio reloj y gemelos plateados con forma de estrella. Todo acorde al muy exigente sentido de su propia personalidad. Tomo las llaves y el teléfono preparándose para salir a trabajar cuando lo vio. Su perfume le sonreía desde el armario, con el azul del cristal descomponiendo la luz de la habitación –casi lo olvido, se dijo mentalmente.
Unos instantes después la fragancia lo envolvía por completo, había tomado la costumbre de usar a diario aquel aroma en cantidad suficiente para que incluso al anochecer aún se percibiera algo de la esencia, esencia que irremediablemente lo hacía pensar en ella.
Le sucedía lo mismo desde hacía cuatro años, cuando en una charla inocente ella afirmo que le agradaba el olor. Fue un instante definitivo de aquellos que marcan o transforman tu vida de un modo tan profundo que no vuelves a ser el mismo aunque te pases el resto de tu vida intentándolo.
Poco sabia ella entonces, que aquel aroma era fruto de la casualidad. Habían pasado varios años que el frasco azul sobrevivía en su armario. Él mantenía la política de solo usarlo si la ocasión lo obligaba y aun en esos momentos consentía apenas unas pocas gotas sobre la línea de la camisa.
-es mi forma de usarlo y nadie puede cambiar eso-, pensaba cuando alguien le recriminaba por el escaso gusto de perfumarse. Y fue verdad hasta aquella mañana de junio.
El recuerdo lo abandono justo frente a la puerta de ella, el observo cada detalle de aquella madera, repintada cada año para dar la impresión que era nueva. Sabía que lo estaba esperando, y él apenas podía con la impaciencia de empujar la puerta y correr hacia ella; pero antes levanto la solapa de su traje percibió el buen aroma de su Altheus  y dejándose arrastrar por el intenso amor que sentía por ella, alzo el brazo y cruzo la puerta.

martes, 2 de mayo de 2017

Otra vez...

Otra vez...tu mirada enloquecedora
arroja cordura en mis prisas, 
transformando lo efímero
en eterno, solo con tu risa

Otra vez tus labios señalan
el camino de rosas sobre hierba
mientras  tus manos indecisas
resbalan entre redes con las mías

Y terminamos  al comienzo
enredados uno en el otro, 
sin definir donde es el fin
sin encontrar nuestros inicios
mezclados en una abrazo eterno
en fusión quimérica de esencias,
de almas,  de vidas.

Esa vida, nuestra vida, 
que escapa en un suspiro...
pero tú...tú la retienes, 
la sujetas, la atas a ti 
atándome con ella.

y respiramos, cansados
reposando en el mismo aire,
que antes agitábamos con besos
mirando en el infinito dos estrellas
unidas en el mismo cuerpo.