La bofetada irónica del mutismo
azota mi rostro con fuerza,
mientras dos braseros oscuros
arrojan luz de sobra sobre mí
Y me hallo ante la pared amada
toda carne, sexo y caderas
toda curvas e inmensidad
encumbrada en su silencio
Ante la piel de su furia
poco sirve la miel de mi verbo
y abrigado en recuerdos de ella
aguanto estoico el final del tormento
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