Las huellas de tu espalda
dibujan el camino ausente,
a mis dedos peregrinos.
que recorren los bajos y las montañas
regadas de sudor y color.
Lejano los gemidos de una boca,
ocupada en transformar lo intransmutable
en sencillas palabras.
En medio de esa noche simple
se escucha a la sinfonía del silencio,
romperse por el canto sordo de tus besos.
II
La tormenta al sur del hombre
recorre tu cuerpo de mujer eterna,
llenando de truenos y ventisca
la privacidad de tu esencia.
El amanecer hiere la penumbra
con el filo de un rayo de alba,
noche y tormenta amainan...
y reposas...
tu cabeza en mi almohada,
tu mano enlazada
Tu alma en mi alma.
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