Comprimo nuestra noche feliz
en el espacio vació de un verso blanco,
que no le alcanza al sentimiento
pues me falla el talento.
Empece mil veces este soneto
otras mil deseche el papel,
convencido que ningún verso podía,
expresar lo que llegue a sentir.
Rendido al fin a la realidad
le doy forma a este primer terceto,
mientras pienso en tus ojos
he construido otro cuarteto.
Sepultado mi intento de soneto
debo darle el final que aguarda este texto,
un epilogo de hermosa poesía.
Y solo me inspira escribir tu nombre, Amada mía.
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